Una vida para el arte
Carol era una niña con un lápiz en la mano, que deseaba dibujar el mundo. A lo largo de su vida, logró ese propósito con creces. Nació en Los Ángeles, California, el 11 de agosto de 1936 y murió en la ciudad de Querétaro el 10 de noviembre de 2015.
En plena II Guerra Mundial, sus padres tomaron la decisión de mudarse a la Ciudad de México, donde se encontraba su abuelo paterno, el ingeniero civil Modesto C. Rolland, un político e intelectual que fundó el Partido Antirreeleccionista y apoyó a Francisco I. Madero. En 1943, cuando la familia de Carol llegó a la capital mexicana, el abuelo proyectaba y construiría la monumental Plaza de Toros México. La niña, con su cuaderno de dibujo, observaba el paisaje urbano y trazaba líneas para formar bocetos.

Familia y vocación
Sobre su niñez, la artista declaró: “Llenaba cuadernos y cuadernos. Tengo todavía libretas de los años cincuenta. Voy a un concierto y llevo mi cuaderno. La concentración en la que entro cuando escucho la música me permite perderme, literalmente abstraerme”.
Con Xavier Llamas, su esposo de toda la vida, cincuenta y dos años, tuvo dos hijos: Xavier y Marcela, a quienes se dedicó por completo mientras fueron pequeños. Cuando los niños entraron a la escuela, Carol dedicó las mañanas a estudiar artes plásticas. En 1975, se unió al taller de Teresa Iturralde y en seguida al Molino de Santo Domingo, celebrado recinto en donde se formaron muchos y grandes artistas, hasta 1980. Con intensidad, absorbió las enseñanzas de Nunik Sauret, distinguida pintora, grabadora y maestra, hasta 1993.
Maestros y aprendizajes
Miguel Álvarez Acosta, entre otros puestos, Director de Bellas Artes, fue su asesor en el manejo del óleo; Rufino Tamayo le explicó a detalle el proceso de la mixografía, técnica en la que fue precursor y maestro.
Desde los quince años, fue admiradora de la pintura de Salvador Dalí; en entrevista aceptó que, dentro de su propia obra, “que es abstracta, existan ciertos elementos surrealistas, como que un plano pueda convertirse en otro, transformarse, desviarse, alterarse”.

Un mundo detrás de cada obra
Sobre su creación artística, Miriam Kaiser escribió: “Si nos tomamos más tiempo, nos adentramos con ganas de ver ese ‘algo más’ que esconde cada obra, nos percatamos de un mundo lleno de hermosos paisajes que pueden tornarse dunas o puede ser un caracol. Casi nunca —repito— nos revela fácilmente su misterio o su secreto: no todo está dicho a simple vista. La mayoría de los trabajos de Carol Rolland requieren de ese minuto más de atención del que observa, del que no se conforma con mirar a ojo de pájaro”.
La familia Llamas Rolland vive en Querétaro desde el año 2001. En el 2006, Araceli Ardón, entonces Directora del Museo de Arte de Querétaro, gestionó la exposición “Intimidad en la creación”, que reunía piezas de grabado y pintura producidas a lo largo de cuatro décadas y con la que celebró sus 70 años de edad. Justo en mismas fechas y lugar, veinte años después, conmemoramos su 90 aniversario.
Desde 1977, la obra de Carol Rolland formó parte de exposiciones colectivas e individuales en México, Estados Unidos, Francia, Japón, Brasil, España, Holanda, Puerto Rico, Bulgaria y otros países.
Un legado que continúa
El mayor deseo de esta mujer, de excepcional calidad humana, era apoyar la formación de jóvenes talentos de la plástica. Su familia y el círculo de amigos más cercano hizo realidad este sueño con la Fundación Carol Rolland, que se creó el 23 de mayo de 2011. Tiene su sede en la calle Ocampo #13 Norte y abrió sus puertas en agosto de 2014. Este espacio alberga exposiciones de diversos géneros, a la fecha más de 160, una biblioteca de arte, un taller de grabado y diversas actividades culturales. Cada semestre emite una convocatoria para ofrecer becas a los estudiantes de la Facultad de Artes de la UAQ. A la fecha, 73 estudiantes de quince generaciones han recibido el apoyo.
